Ávila en la Literatura de la mano de Sonsoles Sánchez Reyes

Ávila en la Literatura de la mano de Sonsoles Sánchez Reyes

Sonsoles Sánchez Reyes, concejal de Cultura y Educación del Ayuntamiento de Ávila ha sido hoy la protagonista de una charla en el Rotary Club de Ávila en la que ha realizado un entretenido recorrido sobre la presencia de la provincia de Ávila en la Literatura.

La presentación de Sonsoles Sánchez Reyes ha corrido a cargo de Ruth Pindado, concejal del Ayuntamiento en la anterior legislatura y declarada amiga de la ponente, además de socia del Rotary Club. En los prolegómenos de la disertación de Sánchez Reyes, Ruth Pindado ha elogiado no solo su faceta profesional sino también la faceta íntima y humana. Igualmente Sánchez Reyes ha devuelto la cortesía al Rotary Club, elogiando la labor que desarrollan.

El recorrido, “para ver Ávila como la ven los de fuera”, en el que Sonsoles Sánchez Reyes ha “cedido la voz a la voz de los escritores”, ha comenzado por el cancionero antiguo, aquel que evocaba el profesor Rodríguez Almeida como un romance y no como un villancico, el “En Ávila, mis ojos”. Este pequeño e ilustrador viaje ha incluido a autores de diversas épocas y en diversos pronunciamientos, como el discurso de ingreso en la Academia de Azorín, íntimamente ligado a Riofrío, “Lo que me importaba a mi de Ávila era … que la muralla resumía todo un mundo aprendido en los libros”. Ávila comparada con Creta, con Egipto con Jerusalén (Delibes), una ciudad de color y sonido, como la definieron Gabriela Mistral y Miguel de Unamuno.

También Ávila está presente en la obra de Enrique Larreta (La Gloria de Don Ramiro), en la de Delibes (La Sombra del Ciprés es Alargada), en la de Cela (Judíos, moros y cristianos, Ávila). Esa imagen imperturbable tras los años tal y como la definía Gustavo Adolfo Bécquer, “la de las calles oscuras y silenciosas, estancada en sus vetustas murallas que la oprimen”, la de López Arangures “demasiado eclesiástica y demasiado palaciega y dormida”, una ciudad para “recordar, visitar, soñar y reposar”. La grandiosidad que impresionó a Santayana, criado en Ávila, y que también definió a la ciudad como “hermética civilización, eclesiástica y militar”.

Para Lorca o Bécquer fue lugar de inspiración de su poesía o de admiración como fue el caso de Pérez Galdós y Goytisolo, ese Ávila “de capilla en capilla, de sepulcro en sepulcro” que describía Pío Baroja o el Ávila bajo la nieve de Kate O’Brian, “ninguna ciudad puede llevar mejor esa decoración”.

También Hemingway quedó prendado de la belleza de Gredos tras permanecer en El Barco de Ávila por espacio de un mes, hasta el punto de inventar un personaje de El Barco, Anselmo, al que le adjudica fantasiosamente la caza del oso cuya garra se encuentra en la puerta de la iglesia de Navacepeda… ese Gredos al que Unamuno definió como el corazón de España, Ramón J. Sender encontrando a Santa Teresa y al Quijote en Becedas, Lope de Vega, que fuera capellán en la capilla de San Segundo en la catedral, escribió a la molinera de La Aldehuela que conquistó al Duque de Alba… Emilia Pardo Bazán, Rubén Darío conquistado por su Francisca en Navalsauz…

En definitiva, la leyenda de Ávila a través de quienes la vivieron, quienes la escribieron y quienes la leyeron, y en este caso, además, quienes la contaron, personificados en la figura de Sonsoles Sánchez Reyes.

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